En algún momento de la madrugada del 24 de febrero de 2022, Vladímir Putin toma una decisión en su mente. Es hora de dar luz verde a una acción militar barajada durante años.

Reúne a su gente del Kremlin, que redacta e imprime un documento en papel. Putin agarra el boli y lo aprieta contra el papel, generando una firma, que no deja de ser una línea de tinta con un trazo muy específico.

Ciertas personas, una vez reconocen esta mancha de tinta, comienzan a hacer llamadas y transmisiones. Sergéi Shoigú, ministro de Defensa, traslada la noticia al jefe del Estado Mayor, que la pasa por radio cifrada a los comandantes de los distritos militares del oeste y del sur. De ahí baja a los generales de cuerpo, después a los oficiales de brigada, hasta llegar a un sargento que está fumándose un cigarrillo a tres kilómetros de la frontera ucraniana, dentro de un blindado parado en un bosque bielorruso.

El sargento apaga el cigarrillo, da una orden corta a sus hombres y arranca el motor. A las cinco y media de la madrugada hora de Kiev, las tropas rusas cruzan la frontera.

Antes de que en España la gente haya terminado el primer café, los puertos del Mar Negro — por donde sale gran parte del aceite de girasol y del trigo del mundo — están bloqueados. En Chicago y en París, los traders de cereales empiezan a apretar botones.

En las cuatro semanas siguientes, el aceite de girasol en los supermercados españoles pasa de un euro ochenta a más de cuatro euros el litro. Mercadona, Eroski y Consum empiezan a racionar a cinco litros por cliente. La harina sube.

El pollo congelado que importa el dueño del kebab del barrio también sube, porque a sus proveedores se les ha disparado el pienso.

El primer día de la primavera, el dueño del kebab cambia el menú escrito a tiza en la pizarra. Cuatro euros pasan a cinco. El mercado ha completado la transmisión de información.

Sin conocerse, una persona importante ha tomado una decisión, y miles de personas conectadas — pero sucesivamente más distantes a él — han sido capaces de coordinar este evento. Ahora todo está ajustado a la nueva realidad.